26 de enero de 2018

Sólo de pensar que hoy hace frío y no está acá para calentarme los pies, para prestarme su campera cuando la lluvia nos sorprende o para abrazarme mientras caminamos por las oscuras calles de la ciudad; sólo de pensar que no está acá vuelve esta noche aún mas invernal.
Inevitablemente evoco muchos momentos y me lleno de nostalgia... y de repente me veo riéndole a la nada, de las mismas anécdotas que antes salían de nuestra voz, con risas en coro. Una canción, una palabra, una situación, un olor, un color... cualquier excusa es buena y llega a mi mente casi como un imán al metal. Así de rápido. Así de fácil. A veces trato de enojarme un poco, para que el extrañar pierda sentido, pero no puedo. No puedo llenarme de rabia y cólera con la libertad que sentí; con lo que me hizo sentir. Además de equívoco, sería incongruente.
Otro tanto intento acordarme de sus defectos pero, a decir verdad, no me molestaban tanto como la ausencia de su cuerpo en una noche de frío; como mirar el techo, cuando antes lo que miraba era a él; durmiendo.

Me saco el sombrero y le hago una reverencia a cada vez que me recordó que yo sola sabía sentirme completa. Y, ¿Ves como no puedo dejar de extrañar? Porque cada vez que me siento plena, libre, completa, me aparece él; y cada momento en el que lo entendí. Está ahí. Un poquito de él se quedó conmigo... un poquito de mi se fue con él.
Estás ahí aunque yo me fui. O me dejaste ir. (todavía no sé como decirlo).
Pero se me inundan los ojos de tanto extrañarte.