Cuando uno elije, deja. Decía en el 2014 una profesora de orientación vocacional cuando hablabámos de las elecciones profesionales. A mi me quedó impregnada en la memoria esa frase porque aplica a todas las situaciones de la vida y, así, me siento un poquito más liviana cuando tomo decisiones drásticas "cuando uno elije, deja" me repito.
Quizás Adriana - la profe- no lo sabe, quizás nunca lo sepa tampoco. Pero su frase me salva cuando dudan de mis decisiones, cuando mis elecciones son cuestionadas por quienes no están en mis zapatos.
O cuando, quizás, la que duda de mis decisiones, la que cuestiona mis elecciones, soy yo misma.
Siempre fui muy dubitativa pero tambien muy drástica y obsecuente a mis deseos: Cuando me pongo un objetivo no paro hasta conseguirlo, aunque eso genere mis propias dudas e interpele mi comodidad. Aunque eso implique cambiar completa y totalmente el rumbo, aunque eso implique cambiar lo que alguna vez pensé. No se me mueve un pelo en advertir cuando cambio de opinión (y deseo que, realmente, tenga siempre esa permeabilidad de saber conciente que no es un defecto, al contrario)
Hoy estoy haciendo lo que "yo nunca" pensé que haría. Con más dudas que certezas y mas miedos que valor.
Miro por ventana de mi departamento y me cuesta creer que es el último atardecer que miraré por acá. Voy al balcón y pienso en la última cerveza que tome ahí, con la luna en mi cabeza, con los ladridos de la mascota de mi vecina. Y vuelven las dudas.
"cuando uno elije, deja" , pienso otra vez. Y respiro hondo mientras sigo embalando las últimas cajas por 5ta vez en mi vida, por 4ta ciudad. Un poco me rio en soledad y culpo a mi signo zodiacal por este espíritu un poco nómade en constante cambio y movimiento.
Elegir es libertad.
Hoy elijo porque soy libre... y no hay errores en la libertad.