11 de septiembre de 2017

De alguna vez

(...) Porque hay cosas que sangran por dentro
y nadie las puede notar.
Y me acuesto en la cama
que un día la ropa 
te supe robar...
Y vuelvo a despertar cansado de estar
tan cansado de ser
Me digo, no hay mitad que sea tan mala
como la que tenés.
(...)



- Necesito hacerte una pregunta que me está volando la cabeza.
Y así, sin más, ahí estamos otra vez. Escribiendo otro capítulo.
Somos de esos instantes que se acumulan en el tiempo y nos queman en la piel. Como los imanes y el metal; tenernos cerca y no poder despegar. Te miro a los ojos y no dejo de decirte lo que siento, como si no lo supieras ya. Como si no lo sintieras ya...
Ahí, así, entre la muchedumbre, te miro fijo y no dejo de quererte. Ahí, así, entre tantas personas, te desnudas el alma otra vez.
Sabemos que estamos un poco rotos. Y no lo podemos evitar.
A veces fantaseo con la idea de que realmente un día dejara de importar, dejara de extrañar, dejara de querer, dejara de sentir esa necesidad impetuosa de salir corriendo a contarte mis felicidades... o compartir mis tristezas. Pero no. 
No se trata de estar listos, menos de comodidad... o eso creo, simplemente no lo sé. 
Seguis diciendo lo que ya sé, te sigo pidiendo lo que no podés. Y lo que dejé de intentar hace tiempo. Sólo sé que te quiero abrazar. Y lo hago.
- Te extrañaba un poco
- Yo también. Posta.
A veces pienso hasta donde llega lo que siento. Ya no sé si clasifica como cariño, odio, amistad, decepción, amor, o qué. O todas juntas. O ninguna. O tendría que dejar de intentar clasificar.
- Te quiero tanto como te odio.
Y no sé cuan bueno o malo es escucharlo de tu boca. 
Preferiría que no te importase y que te fuera indiferente. 
Solo así podría dejar de extrañarte cada vez que te alejo. Y que no funciona. 
Sonreís. Lo haces y se te forman los pocitos que ya había olvidado que me encantan. Sonreís y sonrío yo. Me contagías y por un momento me olvido que me duele. Por un momento me olvido de todo.
No sé ya cuantos relojes dieron la vuelta desde la última vez que sonreímos juntos. Viéndonos. 
Me decís que me entendés pero en el fondo no te creo. Porque a veces no lo hago ni yo.
Ojalá dejaras de disculparte y simplemente dejaran de existir razones que te hagan pedirme perdón.
Te pido que te vayas, que en serio necesito tenerte lejos y accedes. Me decís que tengo razón.
Pero no te creo... y sé que vos tampoco te crees.
Y, ¿ Cómo creernos a nosotros mismos? Si no pasan ni tres días y ahí, otra vez, sintiendo tu perfume en mis manos después de un eterno abrazo.
Me miras y lo primero que me pedís es que baje la guardia y ya quisiera olvidar la cantidad de veces que me pediste lo mismo y que no pude.
- No peleemos. No empieces. Te digo.
Y te reís. Porque estoy bajando la guardia ahí mismo sin siquiera notarlo.
Y no sé ni cómo pasa pero ahí estamos otra vez en combate, en guerra fría. No entiendo ni por qué, pero sólo te puedo abrazar, te callas y apoyas la cabeza en mi hombro como si todo fuese mas fuerte que nosotros, como si no pudiésemos escaparnos... Ya no hablamos, ya no peleamos, estamos así, otra vez, abrazándonos, porque parece que es lo único que nos salva. Envolvernos.
Y oyendo sólo el sonido del silencio me pregunto como puede hacernos tanto mal. 
La artillería es bastante pesada y tiramos a matar. Cuanta estupidez hay en el mundo... pero toda está concentrada acá. En este momento. En nosotros dos, que nos olvidamos de cómo tratarnos bien... que ya ni sabemos como hacer...