6 de octubre de 2016

La espera me agotó, empieza confesando Gustavo... en una pieza que, si es la primera vez que la oís, claramente te anticipa lo más devastador. 
Pero me permito tomar esta frase descontextualizada, para pensar en cómo se siente agotarse... pero por sobre todo, pensar qué es sentirse agotado por la espera.
Agotarse en la espera es estar fuera del camino, es estar parado viendo todo pasar. 
Agotarse en la espera es la ansiedad que se tiene cuando todo esta fuera de tus manos. 
Es la incertidumbre de no saber qué va a pasar, de ni siquiera tener la mínima y más diminuta certeza de que vas a conseguir lo que deseas. Es no poder hacer nada al respecto. 
Agotarse de esperar es simplemente tener que confiar en que todo saldrá como vos lo esperas, pero la diferencia esencial es que, en este caso, no podes luchar, no podes accionar. No podes nada, como inmóvil, sos un sujeto pasivo sin quehacer.
Agotarse es nefasto, es cruel, es culminante. Pero agotarse de esperar es, simplemente, insoportable.
Es angustioso. 
Es desagradable. 
Es desesperante.
Es sentir que estas perdiendo una guerra donde no podés siquiera batallar. 
Es que el mundo externo este fuera de tus manos. Es perder el control.
Es entender que no lo podés todo. Que a veces las respuestas están en el exterior y que, ese exterior, ese mundo que esta ahí afuera, te va a responder... solo y sencillamente, cuando quiera... o no. 
Porque, en verdad, no lo sabés tampoco...

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