16 de agosto de 2016

Contigo



Si perdiera su tinte inusual o extraordinario, doy por seguro que el alma no se desbordaría, ni las carcajadas resplandecerían cada vez con mayor estupor, al punto de no interpretar nada mas... ni querer hacerlo.
Y yo que siempre esquive las balas del romanticismo me veo ahí, ahora, aquí, en este punto de ebullición... sin pretender resistirme.  



Yo no quiero un amor civilizado, con recibos y escenas del sofá. 
Yo no quiero que viajes al pasado y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.
Yo no quiero vecinas con pucheros,  yo no quiero sembrar ni compartir 
yo no quiero catorce de febrero, ni cumpleaños feliz...
Yo no quiero cargar con tus maletas, yo no quiero que elijas mi champú.
Yo no quiero cortarme la coleta, mudarme de planeta...
brindar a tu salud.
Yo no quiero domingos por la tarde, yo no quiero columpio en el jardín.
Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mi. 
(...)
Yo no quiero juntar para mañana, nunca supe llegar a fin de mes
yo no quiero comerme una manzana, dos veces por semana sin ganas de comer. 
Yo no quiero calor de invernadero, yo no quiero besar tu cicatriz...
Yo no quiero París con aguacero... ni Venecia sin ti.
No me esperes a las doce en el juzgado, no me pidas que volvamos a empezar.
Yo no quiero ni libre, ni ocupado, ni carne, ni pecado... ni orgullo, ni piedad.
Yo no quiero saber por qué lo hiciste,
yo no quiero contigo, ni sin ti
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes, es que mueras por mi.
Y morirme contigo si te matas... y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere, mata. 
Porque amores que matan... nunca mueren . 

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